• Gabriel Zaldívar

Narcoestado, la nueva narrativa

Somos un Estado capturado por el narcotráfico y éste opera en todos los niveles políticos en México, aunque particularmente y con mayor fuerza en Michoacán, Guerrero y Sinaloa.


En dos líneas, las que el amable lector acaba de revisar, se resumen las premisas de la nueva narrativa que buscan impulsar los grupos de interés que no se vieron favorecidos en las elecciones intermedias. Dicha construcción tratará de fortalecerse en los próximos meses y alcanzar su clímax en el período electoral del 2024.


El ungido como lanzador central fue el saliente gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, quien modesto y sencillo fue con un banquito a esperar ser recibido, primero por el Presidente de la República, luego por el titular de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y, tras del nulo éxito se conformó con llevar su carpetita de alumno de secundaria de la década de los 80 del siglo pasado a las oficinas de la Fiscalía General de la República (FGR). El innegable éxito de Aureoles fueron los memes que nos dieron risas al por mayor.


Para instalar la narrativa en la opinión pública no puede faltar la comentocracia de los medios corporativos, algunos de los cuales de inmediato hicieron eco de las premisas iniciales enarboladas por Aureoles. No toda la comentocracia entró al juego pues saben que con el poder del narcotráfico no jugarán para los fines que persiguen.


La segunda parte de la narrativa, hasta el momento, se da con la visita de Aureoles a los Estados Unidos de América (EUA), y particularmente a la Organización de Estados Americanos (OEA).

Los estrategas de la nueva narrativa enviaron a un gobernador por demás desgastado a reunirse con el titular de un organismo, la OEA, prácticamente desconocido por todos los países de Latinoamérica, excepto por Brasil y Colombia. Luis Almagro, el personaje que asesinó a la OEA, vale tanto como Aureoles.


Impacta la sorpresa con la que la población inconforme con el gobierno en turno reacciona ante la posibilidad de un Estado y un narcotráfico relacionados. La comentocracia que se pronuncia sorprendida obliga a pensar que, o mienten o no tienen nada de periodistas, cualquiera de las dos los descalifica como fuentes dignas de atenderse.


El trabajo de dos periodistas resulta clave para relajar la falsa o real sorpresa. José Reveles y Epigmenio Ibarra, desde diferentes trincheras de producción, nos han llenado de abundantes historias para desengañarse. Reveles vía libros como El Chapo, entrega y traición (2014), El cártel incómodo (2010) o Las manos sucias del PAN (2000); mientras que Ibarra como creador de la Narcoserie, extraordinarios productos mediáticos que no nacieron al 100% de la imaginación de sus escritores.

De insistir los oposicionistas en alentar la narrativa de Narcoestado habremos de viajar al pasado reciente, en donde sus partidos gobernaron. En los tres años recientes no surgió y se estructuró el fenómeno.


Muchos empresarios, hijos de empresarios del pasado reciente; muchos políticos, hijos de políticos del pasado reciente; muchos periodistas, hijos de periodistas del pasado reciente; todos en posiciones de poder y toma de decisiones, de todos los partidos políticos, desde Andorra, Israel, Nueva York, Dublín, España y México, podrán alimentar con hechos reales la narrativa de Narcoestado.

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